lunes, 20 de mayo de 2019

John Bolton, la peor pesadilla del mundo

May 20 2019
Por Amy Goodman y Denis Moynihan  – Democracy Now! /ALAI
El presidente Donald Trump adoptó como un pilar de campaña una postura aislacionista y criticó los enredos militares en el extranjero. Ya en 2013, tuiteó: “¿Pueden creer que la guerra de Afganistán sea la ‘guerra más larga’ de nuestra historia? Traigamos a nuestras tropas a casa, vamos a reconstruir Estados Unidos, hagamos que Estados Unidos sea grande de nuevo”. Como presidente, ha repetido esta postura en varias ocasiones. En una conferencia de prensa de abril de 2018 en torno a Siria, Trump declaró: “Quiero salir [de allí]. Quiero traer a nuestras tropas de vuelta a casa. Quiero comenzar a reconstruir nuestra nación. Habremos gastado, sin contar estos últimos tres meses, siete billones de dólares en Medio Oriente en los últimos 17 años. No obtenemos nada de eso, nada en absoluto”.
A pesar de su retórica, todos los movimientos de Trump en Medio Oriente parecen ahora dedicados a avivar el conflicto y, potencialmente, desatar una guerra contra Irán. John Bolton está claramente a la vanguardia, con el respaldo del secretario de Estado Mike Pompeo.
El diplomático iraní Seyed Hossein Mousavian fue uno de los principales miembros del equipo de negociación iraní en torno al problema nuclear y actualmente se desempeña como investigador en la Universidad de Princeton. Mousavian expresó su preocupación esta semana en una entrevista para Democracy Now!:
“Esperaba esta situación después de que el embajador John Bolton fue nombrado asesor de Seguridad Nacional”. Tomando en cuenta además el influyente rol de los principales aliados de Trump en Medio Oriente, Mousavian concluyó: “El equipo de las cuatro B –John Bolton, [el primer ministro israelí] Bibi Netanyahu, [los herederos de Arabia Saudí y Abu Dabi], bin Salman y bin Zayed– ahora tiene un excelente posicionamiento en la Casa Blanca para empujar a Estados Unidos [a]l sueño que han tenido durante largos años: arrastrar a Estados Unidos a una guerra con Irán”.
Citando al menos media docena de funcionarios anónimos del gobierno de Trump, el periódico The New York Times informó esta semana que el Pentágono ha presentado planes para enviar 120.000 soldados estadounidenses a la región en respuesta a las amenazas iraníes. Si bien el presidente negó la veracidad de este informe, declaró: “¿Es algo que yo haría? Por supuesto, pero no lo hemos planeado. Ojalá no tengamos que hacer planes para ello. Y si lo llegáramos a hacer, enviaríamos muchísimas más tropas”. La Casa Blanca ha enviado un portaaviones con su grupo de ataque y una flota de bombarderos a la región, según Bolton, con el fin de “enviar un mensaje claro e inequívoco al régimen iraní de que cualquier ataque a los intereses de Estados Unidos… será respondido con una fuerza implacable”.
El teniente general del Ejército británico Christopher Ghika, uno de los principales comandantes de la fuerza multinacional desplegada en Irak y Siria, refutó las afirmaciones de Estados Unidos: “No ha habido un aumento en la amenaza proveniente de fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria”. Pero fue refutado velozmente por un portavoz del Comando Central de Estados Unidos, quien afirmó que un ataque de Irán posiblemente fuera “inminente”.
En medio de estas declaraciones contradictorias, Estados Unidos le ordenó al personal diplomático no esencial que evacuara la embajada y el consulado estadounidenses en la “Zona Verde” de Bagdad, a solo 160 kilómetros de la frontera iraní. Mientras los funcionarios estadounidenses han publicado fotos de pequeños barcos iraníes con misiles, varios funcionarios europeos, iraquíes y miembros del Congreso de Estados Unidos sostienen que el despliegue de misiles probablemente sea defensivo.
Mientras tanto, Arabia Saudí, reino aliado de Estados Unidos, ha informado que dos petroleros vacíos fueron saboteados cuando regresaban a cargar petróleo con destino a Estados Unidos. Una vez más, no han dicho quién fue responsable.
Al dejar a las fuerzas estadounidenses e iraníes tan cerca entre sí, el gobierno de Trump está montando un posible detonante. Cualquier accidente o escaramuza podría servir como pretexto para la escalada militar estadounidense.
John Bolton no ha ocultado su deseo de provocar un cambio de régimen en Irán, en Venezuela, en Cuba y más allá. Toca los tambores de la guerra, pero cuando era un joven egresado de la Universidad de Yale en 1970, con un número de reclutamiento que probablemente lo hubiera llevado a Vietnam, rápidamente se unió a la Guardia Nacional de Maryland para evitar ser desplegado. En el anuario del 25º aniversario de su graduación de Yale, escribió: “Confieso que no deseaba morir en un arrozal del sudeste asiático”.
Ahora, mientras le susurra al oído a Trump, quien recibió cinco exenciones del servicio militar durante la guerra en Vietnam, una de ellas en la primavera de 1968 por “espolones óseos”, John Bolton, junto al presidente, está dispuesto a enviar 120.000 soldados estadounidenses o más a la guerra.
Ahora es el momento para que todos –incluyendo el movimiento contra la guerra en Estados Unidos, miembros del Congreso y sí, los disidentes dentro del propio gobierno de Trump– se unan a otros países del mundo, para manifestarles enérgicamente a los que promueven los conflictos bélicos, pero eluden el frente de batalla: no a la guerra con Irán.
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* Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

martes, 16 de abril de 2019

Sed de reformas

Sed de reformas

Por Luis Casado*
La competencia reduce el precio de toda mercancía al mínimo de sus costos de producción. Así, el salario mínimo es el precio natural del trabajo (K. Marx)
¿Hasta dónde se puede exprimir un limón? Hasta que ya no dé más jugo. Lo mismo pasa con la mano de obra asalariada, sea esta altamente calificada o fuerza muscular pura. Reducir los salarios es el mejor camino hacia el aumento del lucro. David Ricardo (1772-1823) ya lo tenía claro.
Por donde vayas, los gobiernos anuncian reformas. Si las cosas van mal en la economía, es porque ‘no se han hecho las reformas necesarias e imprescindibles para liberar las energías, la innovación y la capacidad de emprendimiento’. Si hay currantes sin trabajo, si los que laburan ganan salarios de miseria, es porque ‘rehusan las reformas que la hora exige y el buen sentido reclama’. El culpable siempre es el pringao.
Por la mañana recibí una nota de la CGT, firmada por su secretario Manuel Ahumada Lillo, que toca el tema de la reforma laboral que impulsa Piñera. No me sorprende: hace décadas que el FMI sugiere, insinúa, ordena, manda… reducir al máximo las indemnizaciones de despido visto que los costes laborales están demasiado altos.
A tal punto que disuaden al Indiana Jones de la puñeta productiva –el empresario– de lanzarse en nuevas inversiones para hacerse aun más rico y de paso ofrecerle trabajo a una mano de obra inconstante, disipada, frívola y sacadora de vuelta.
En diciembre del 2003, como cada año, el FMI le hizo llegar sus consejos al gobierno de Chile. El FMI elogiaba las políticas en curso pero exigió hacer aun más flexible el mercado del trabajo y llamó a las autoridades chilenas: “A explorar el tema de los costes de despido que aparecen muy altos vistos desde una perspectiva internacional, así como a limitar los aumentos del salario mínimo, en particular para los trabajadores jóvenes (sic).”
Al mismo tiempo Dick Grasso –presidente de la Bolsa de New York que contribuyó poderosamente a su hundimiento– recibió en premio un bono equivalente a setenta y siete mil años de salario mínimo chileno (770 siglos), y 48 millones de dólares más como indemnización de despido.
El FMI tenía razón: los costes de despido estaban muy altos. Razón por la que “Las autoridades (chilenas) indicaron que están examinando formas de reducir los costes de despido…” En ese momento la autoridades eran las del gobierno de Ricardo Lagos. Sebastián Piñera – Ricardo Lagos, la misma jeringa con distinto bitoque.
De paso –decía el FMI– el salario mínimo se hace excesivo. Explorando los Balances (Annual Reports) de SQM(1)   constaté que el salario de Julio Ponce Lerou era de 700 millones de pesos (2) al año (julio 2014) por no hacer nada y sin contar los dividendos. Los ejecutivos que administraban la empresa (robada al patrimonio del Estado) eran otros. Miembro del Directorio, Hernán Büchi recibía una miseria: 11 millones mensuales por participar en media docena de reuniones al año, mayormente destinadas a mundanidades y degustaciones de whisky.
A este punto, la peor de las injusticias me golpeó con la fuerza de un vendaval. Los ejecutivos chilenos reciben salarios de miseria comparados con sus homólogos extranjeros. Mick Davies, por ejemplo, patrón de Xstrata devenida luego Glencore (minera Doña Inés de Collahuasi, North Chile, Energía Austral…), bien guarecido en Suiza, recibía 2 mil millones de pesos al mes (2012). Sorprendido, llamé a un dirigente sindical de la Confemin (Confederación Minera de Chile). “Guerrero, dije en un soplo, Mick Davies palpa 2 mil millones de pesos al mes”. Incrédulo, Guerrero retrucó: “No puede ser, cómo va a recibir 2 mil millones al año… (sic)”Tuve que sacarlo de su error: “Al año no… ¡2 mil millones al mes!”
Chile da para eso. Chile da para todo. Incluso para afirmar que el salario mínimo es excesivo, exceso que pone en peligro el crecimiento, atenta contra el empleo, disuade la inversión, desmejora la competitividad, perjudica el liderazgo, acelera la caída del pelo, debilita los esfínteres y retrasa la digestión.
La cuestión de la distribución de la riqueza creada con el trabajo de todos es vieja como el mundo. David Ricardo (1772-1823), gran teórico del capitalismo que no era ni sindicalista ni defensor de los asalariados sino un acaudalado corredor de Bolsa, afirmaba: “No puede haber un aumento del valor del trabajo sin una caída del lucro”.
Para Ricardo la distribución del producto funciona según el principio de los vasos comunicantes: si una columna sube, la otra baja, y viceversa. Ricardo lo precisó diciendo: “La proporción que puede ser pagada como salario es muy importante para la cuestión del lucro; porque debe notarse que los beneficios serán altos o bajos en exacta proporción a que los salarios sean bajos o altos”.
Mientras más bajos los salarios, más alto será el lucro, y a salario mínimo corresponde un lucro máximo. Ese es el sencillo principio aritmético que los patrones y los gobiernos se empeñan en presentar como el más alto objetivo de la especie humana.
Ahora quieren eliminar el chaleco salvavidas que representan las indemnizaciones de despido. ¿Existe alguna consciencia del daño que le provocan a millones y millones de familias, a hombres, mujeres y niños empujados lenta pero seguramente a la pobreza y a la miseria?
Andrea Fabra, parlamentaria del Partido Popular español (derecha) entregó una respuesta para el bronce el día miércoles 11 de julio de 2012 en Las Cortes de Madrid.
En medio del discurso del Presidente del gobierno español Mariano Rajoy, que le anunciaba al Parlamento la reducción de la indemnización que reciben los trabajadores en el paro, Andrea Fabra gritó en pleno hemiciclo:
“¡Que se jodan!”
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Notas
1 –  SQM, o Soquimich : Sociedad Química Minera de Chile
2 . 1 U$D : 662,40 pesos chilenos. 1 Euro : 747,10 pesos
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*Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos

lunes, 29 de octubre de 2018

Gramsci: "Optimismo y pesimismo"


Hay que observar que muchas veces el optimismo no es más que una manera de defender la pereza propia, la irresponsabilidad, la voluntad de no hacer nada. Es también una forma de fatalismo y de mecanicismo. Se espera en los factores ajenos a la propia voluntad y laboriosidad, se los exalta, y la persona parece arder en ellos con un sacro entusiasmo. Y el entusiasmo no es más que una externa adoración de fetiches. Reacción necesaria, que debe partir de la inteligencia. El único entusiasmo justificable es el acompañado por una voluntad inteligente, una laboriosidad inteligente, una riqueza inventiva de iniciativas concretas que modifiquen la realidad existente. (C. XIV; PP 8.)

viernes, 12 de octubre de 2018

Las farsas del Fondo Monetario Internacional, por Vincenc Navarro

En los mayores fórums de reflexión financiera y económica en España existe una actitud casi reverencial hacia el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus informes se leen con gran detalle y sus recomendaciones se toman muy en serio. El FMI es, se mire como se mire, una de las instituciones financieras internacionales que tiene mayor influencia en los círculos mediáticos y políticos en España, donde la sabiduría convencional se genera, reproduce y promociona.
 
Conozco bien el FMI. La The John Hopkins University tiene varios campus en Washington, donde está ubicada la sede del FMI, y conozco a muchos de sus profesionales, con los que coincido en congresos, seminarios y sesiones profesionales. Y siempre me ha sorprendido el gran respeto que origina el FMI en los círculos mediáticos y políticos españoles. Y mi sorpresa deriva de que el nivel técnico de sus trabajos es, por lo general, y con notables excepciones, de muy escasa calidad (una excepción al nivel de mediocridad es el Departamento de investigación económica que, por desgracia, tiene muy poca incidencia en el desarrollo de las políticas del  FMI). Por lo demás, entre los que se llaman “expertos”, hay gran cantidad de individuos formados en centros académicos de EEUU o de Europa bien conocidos por su sensibilidad neoliberal, impermeable a los datos que muestren lo contrario de lo que promueven. Y uno de sus dogmas es el consabido énfasis en disminuir lo salarios (que llaman devaluación doméstica) como manera más eficaz para salir de la crisis financiera y económica. El FMI publica un informe (como promedio cada cuatro meses) en el que se repite una y otra vez que la bajada de salarios es necesaria para aumentar la competitividad y así incrementar las exportaciones, aumento que será el que estimulará la economía y permitirá a los países de la periferia de la Eurozona (lo que incluye a España) salir de la crisis.
 
Conociendo al FMI, les garantizo que en dos o tres años cambiará de postura, y, sin pedir disculpas, promoverá otro dogma igualmente erróneo. Si no me creen, esperen un par de años. Se acordarán ustedes de que hace dos años el FMI era uno de los mayores promotores de otro dogma neoliberal: el de que la austeridad (recortes del gasto público) era necesaria para conseguir la recuperación económica. El FMI (junto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) machacó miles de veces que había que recortar, recortar y recortar el gasto público a fin de reducir el déficit y la deuda, y con ello recuperar la famosa confianza de los mercados financieros. Hace menos de un año, sin embargo, el FMI cambió de parecer y dijo que no se hicieran tantos recortes, pues los recortes de gasto público reducirían la demanda doméstica y con ello se reduciría la actividad económica y el crecimiento económico. ¡Por fin habían visto la luz! Pero, por lo visto, no se han dado cuenta todavía de que la reducción de los salarios (¡20% de media en Grecia en los primeros meses de 2012!) también crea un enorme problema de falta de demanda. Les garantizo que en un par de años van a descubrirlo. Dudo que lo hagan antes pues son un poquitín lentos. Y mientras tanto, sus políticas están haciendo un enorme daño.
 
Las falacias de salirse de la crisis bajando los salarios
 
Pero la situación es incluso peor, pues no solo su recomendación de que bajen los salarios es empíricamente insostenible, sino que toda la evidencia –que usted, lector, no verá mucho en los medios de información españoles- señala que es una de las causas de la crisis, pues no solo dificulta la salida de la crisis, sino que la empeora sustancialmente, pues al reducir los salarios, supuestamente para ser más competitivos, se reduce la demanda en todos los países (que compiten en ver quién baja más los salarios para ser más competitivos) que están en crisis. Y esta es la causa de la crisis en la Eurozona, muy marcada en sus países periféricos.
 
Pero lo que es incluso más indignante es que los datos muestran muy consistentemente que en ninguno de estos países sus exportaciones tienen mucho que ver con el nivel salarial. La demanda exterior de productos (origen de las exportaciones) ha permanecido para toda la Eurozona estancada durante el periodo 2008-2011. Ha habido variaciones dentro de cada país. Pero, como promedio, ha habido en la práctica un estancamiento, dentro de la Eurozona, del comercio entre sus países miembros, y ello a pesar del descenso salarial que ha ocurrido en todos ellos. En realidad, el crecimiento de las exportaciones de los países de la Eurozona ha ido a países de fuera de la Eurozona, los Países Emergentes, donde los salarios, por cierto, han aumentado. Y este crecimiento no tiene nada que ver con el descenso de los salarios de los países exportadores, sino con el crecimiento de los salarios en los países importadores (que están fuera de la Eurozona) y con el descenso del valor del euro versus las monedas de aquellos países. Esta es la evidencia que existe, fácilmente contrastable. Ahora bien, les garantizo que el FMI (así como la Comisión Europea y el BCE) continuarán machacando con que hay que bajar los salarios. Por cierto, los salarios de los expertos del FMI son (junto con los de otra institución ultraliberal como la OCDE) los más altos de todos los funcionarios internacionales, mostrando, una vez más, que no hay relación estadística entre productividad y salarios. O, dicho de otra manera: el nivel salarial es una variable política más que económica. La incoherencia entre lo que el FMI impone y lo que hace en su propia casa, es enorme.
 
Vincenc Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en The John Hopkins University

martes, 13 de febrero de 2018

Gramsci: "Disciplina y libertad"

[11-II- 1917; La Citá Futura; S. G. 82]

Adherirse a un movimiento quiere decir asumir una parte de la responsabilidad de los acontecimientos que se preparan, convertirse en artífices directos de esos acontecimientos mismos. Un joven que se inscribe en el movimiento socialista juvenil realiza un acto de independencia y de liberación. 

Disciplinarse es hacerse independiente y libre. El agua es agua pura y libre cuando fluye entre las dos orillas de un arroyo o de un río, no cuando está caóticamente dispersa por el suelo ni cuando se difunde enrarecida por la atmósfera. Así, el que no sigue una disciplina política es materia en estado gaseoso o ensuciada por elementos extraños: por tanto, inútil y dañosa. La disciplina política hace que precipiten esas impurezas y da al espíritu su metal mejor, una finalidad a la vida, sin la cual no valdría la pena vivirla. 

Todo joven proletario que sienta lo que pesa el fardo de su esclavitud de clase debe realizar el acto inicial de su liberación, inscribiéndose en la agrupación juvenil socialista que esté más cerca de su casa.

martes, 23 de enero de 2018

Ahorrando en copilotos

Por David Torres
Publico.es

En un primer momento, cuando el fiscal francés reveló el contenido de la caja negra, la psicología tomó el lugar de la aeronáutica. Como, al parecer, no había fallos mecánicos detrás de la tragedia que acabó con la vida de 150 personas, se ratificó una vez más que el factor humano sigue siendo el eslabón más frágil de la cadena.
 
Sin embargo, tan sólo con escarbar un poco en el historial de Andreas Lubtiz, aparecen varios elementos perturbadores que incluyen diversos episodios de depresión, trastornos de ansiedad e incluso un desprendimiento de retina. Dieter Wagner, un compañero del club aéreo, ha declarado que volar sobre los Alpes era su pasión y que hacía poco le había acompañado en un vuelo sin motor muy cerca de la zona donde ha caído el aparato. Una azafata que fue novia de Lubtiz confesó que lo primero que le vino a la cabeza cuando se enteró de la catástrofe fue una frase que le dijo: “Un día voy a hacer algo que va a cambiar todo el sistema y todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará”.
 
Aunque todos estos indicios juntos no pudieran profetizar lo ocurrido, los fragmentos sueltos de su pasado acaban encajando como las piezas de una pistola. Poco a poco, cuanto más sabemos de Andreas Lubitz, más lo desconocemos.
 
Su estrepitoso final coincide con el del homicida que, de repente, agarra un hacha y decapita a su familia o con el del pistolero que entra en un restaurante y empieza a disparar al azar a los comensales antes de pegarse un tiro. Después, con la sangre ya enfriándose, los comentarios de vecinos y conocidos suelen girar en torno a un denominador semántico común: la normalidad. Era un tipo de lo más normal. Era muy normal, hasta que dejó de serlo. Lo único original en Lubitz ha sido la escala de la masacre y el arma que empleó: un avión de pasajeros en lugar de un hacha o una escopeta.
 
Ciertamente la psicología no es una ciencia exacta, pero parece que Lubitz ya había dado suficientes señales de alarma como para apartarlo de los mandos de un avión, no digamos ya como para dejarle pilotar a solas.
 
Sin embargo, las mismas compañías aéreas que verifican escrupulosamente la presión de los neumáticos, el ángulo de los alerones, el desgaste de las piezas y todos los intrincados mecanismos que hacen posible el prodigio del vuelo (por no hablar de las bizantinas medidas de seguridad), no parecen dedicar mucho tiempo, dinero y esfuerzo a revisar el estado físico y mental del elemento esencial de la aviación civil.
 
Tal vez no se le pueda reprochar a Germanwings que sus médicos fuesen incapaces de detectar el riesgo de una depresión, pero resulta asombroso que se les pasara por alto un desprendimiento de retina. Cabe preguntarse si un piloto de combate, que no está a cargo de más de un centenar de vidas sino de un costoso aparato con una sofisticada artillería, hubiera seguido trabajando en tales condiciones. Con lo cual, en última instancia, y como ya advirtiera Marx, la psicología cede terreno ante la economía.
 
Afortunadamente, se trataba de una compañía alemana, gente seria y formal. Porque imagínense qué barbaridades no estaríamos oyendo y leyendo si el copiloto averiado y el avión caído pertenecieran a la filial de bajo coste de una compañía aérea griega.

domingo, 21 de enero de 2018

Esos monstruos llamados bancos

Por Juan Torres López*

Los bancos privados disfrutan de un privilegio extraordinario: cada vez que conceden un crédito crean dinero. No monedas o billetes, que es lo que la gente normal y corriente cree que es el dinero, sino dinero bancario, es decir, medios de pago a través de sus cuentas.

Cuando reciben los depósitos de sus clientes los bancos no los mantienen totalmente en reserva para hacer frente a los reintegros que éstos soliciten, sino que conservan en caja una parte mínima y disponen del resto para realizar préstamos (por eso se dice que es un sistema bancario de reserva fraccionaria).

El fenómeno es fácil de entender: Poncio dispone de los únicos 100 euros que hay en la economía y los deposita en un banco. Con su tarjeta de débito o con sus cheques puede realizar pagos por valor de 100 euros. Si el banco concede un crédito de 20 euros a Pilatos mediante una simple anotación contable, éste podrá gastar esos 20 euros, de modo que desde ese mismo instante ya hay 120 euros en medios de pago. El banco ha creado 20 euros de dinero bancario.

Como eso se hace sucesivamente y sin descanso, resulta que los bancos “multiplican” sin cesar los medios de pago en la misma medida en que van creando más deuda. Como decía el Premio Nobel de Economía Maurice Allais, eso significa que los bancos crean dinero ex nihilo, de la nada.

En Europa, la proporción de los depósitos que hoy día están obligados a mantener los bancos en reserva es el del 1% en el caso de que se trate de depósitos a menos de dos años o que se puedan retirar sin preaviso, y del 0% en los demás. Eso implica que, si suponemos que los clientes no retienen dinero en sus manos (lo que hoy día sucede casi siempre gracias a las tarjetas), un banco puede crear de la nada 100 euros cada vez que un cliente deposita en él 1 euro a menos de dos años y tanto como quieran en el resto de los casos.

Ese es el negocio que le da beneficios a la banca: crear dinero de la nada generando deuda sin cesar.

Lógicamente, los bancos no han desaprovechado nunca esa oportunidad y se han dedicado a imponer las condiciones que obliguen a que empresas, familias o gobiernos tengan que endeudarse continuamente. Por ejemplo, fomentando la vivienda en propiedad en lugar de en alquiler, recortando salarios, permitiendo que se den créditos hipotecarios por encima del valor de la casa, subiendo artificialmente el precio de la vivienda, desgravando fiscalmente los intereses de manera que sea más rentable endeudarse que autofinanciarse, etc.

Esa y no otra es la causa de que la deuda crezca constantemente. Y también de que los bancos tengan crisis cada dos por tres, puesto que crear deuda de esa forma hace que el valor de sus créditos se separe constantemente del que tienen sus depósitos y su capital en general.

En junio pasado se publicaron los últimos datos anuales que permiten comprobar la relación entre el capital y los activos de los 50 bancos más grandes del mundo. Aunque no es exactamente entre depósitos y créditos, la relación refleja perfectamente cómo ha crecido el negocio bancario y la razón de su permanente inestabilidad.

Esos 50 megabancos tienen en total un capital de 772.357 millones de dólares mientras que sus activos tienen un valor 87,6 veces mayor (67,64 billones de dólares). Pero hay casos verdaderamente impresionantes. El récord lo tiene el Wells Fargo Bank de Estados Unidos que tiene activos por un valor 2.646,6 veces mayor que el de su capital. Le siguen Citibank, con una relación de 1.793,3 a uno y el ING que tiene 1.550,3 dólares en activos por cada dólar de capital. En el ranking se encuentran el Banco de Santander, en el puesto 15 y con una relación de 196,9 dólares en activos por cada dólar de capital, y el BBVA, en el puesto 35 y con una relación mucho más baja, de 20,5 a uno (la lista completa puede verse en el Bankers Almanac).

El sistema de reserva fraccionaria da lugar a estos monstruos financieros que descansan sobre la nada y que es materialmente imposible que se mantengan en pie sin caer en algún momento. La historia lo ha demostrado docenas de veces.

Pero aunque el sistema es peligrosísimo, la banca ha adquirido gracias a él un poder político inmenso, diabólico, que se extiende a todos los resquicios de la sociedad y que le permite obligar a que sean los ciudadanos los que carguen con los costes multimillonarios que genera cada vez que cae.

Vivimos, pues, en un sistema que permite que la utilización de un elemento esencial para crear riqueza, empleo y satisfacción humana como el dinero, que es a la economía como la sangre al cuerpo humano, dependa exclusivamente de la voluntad de un grupo social privilegiado. Y que, además, lo utiliza de la forma más despilfarradora y costosa, creando una deuda creciente que ahoga a la vida económica.

Se mire por donde se mire, no hay más alternativa que acabar con el sistema de reserva fraccionaria y considerar el crédito como un servicio público esencial obligando a que la banca, sea de propiedad privada o pública, lo gobierne inexcusablemente bajo ese principio. Eso no solo permitiría evitar el infierno que produce cada crisis que recurrentemente provoca el sistema bancario actual, sino utilizar el dinero que es un bien común para financiar convenientemente a empresas y consumidores y que los intereses (que podrían ser mínimos o utilizados solo como instrumento de estabilización) revirtieran al Estado aliviando una parte inmensa de la actual carga fiscal.



*Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Autor de numerosos libros y trabajos científicos entre los que destacan últimamente Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero y Lo que debes saber para que no te roben la pensión, escrito junto a Vicenç Navarro. En público.es, 26.10.14